Sobre escribir y esos flashes

Hay tres cosas muy importantes que uno debe tener a la hora de escribir: buenas ideas, ingenio e intensidad. Entonces digamos que podes tener una idea piola y querer transmitirla, pero para ello necesitas tener ingenio, para que el texto sea algo mas que la simple idea expuesta, que el mismísimo texto sea la idea, que la represente, que la haga vivir; y ahí entra el rol de la intensidad, porque una idea sin intensidad no posee fuerza, y por mas ingenio que tengas la intensidad no la podes reemplazar.
Yo siempre pude zafar. Me gusta mucho escribir y por ende trate -y trato- de que mis textos sean increíbles y crezcan cada día mas. No lo logre nunca. A veces tenia mis rachas porque tenia mucha intensidad, o porque tenia una buena idea... y otras veces, con mucha suerte, tenia las dos. Pero nunca tuve las tres juntas, de hecho, nunca tuve ingenio. No soy ingeniosa, y no voy a esforzarme a serlo. Hay cosas con las que uno va naciendo y hay otras que no. No me gusta correr detrás de lo que me gustaría ser (si, soy vaga) Soy así y listo. Nunca voy a ser una gran escritora y llevo en mi ese peso todos los días. Lo anhelo demasiado, es verdad. Ni se porque. No se en que momento empece a escribir para cumplir mi sueño en vez de escribir porque me gusta. No se en que momento se convirtió en mi sueño. Tal vez es porque fue lo único que supe hacer instintivamente (aunque mal). Desde chiquita lo hice y ni recuerdo que me llevo a eso. Me nació. Desde que aprendí a escribir que soy escritora. Desde que tuve las herramientas comencé a construir. Y me encanta esa parte de mi historia, por eso siempre la cuento. Tengo pocas partes que me gustan. Y esa es realmente la mas feliz que tengo. Era escritora, y lo soy. No soy buena, soy mala. Pero lo soy. Y a mi manera. Porque cada uno tiene sus propias ideas, y sus propias maneras de decirlo. Cada uno es como es y eso se nota a la hora de escribir. Uno se plasma en esos textos. Vivo en cada uno de ellos y ellos viven en mi. Es una relación extraordinaria. Yo siempre los voy a ver con cariño. Soy su eterna admiradora. Los leo y los disfruto cada vez mas y mas. Los hago crecer cada vez que los miro. Les hago tener sentido. Porque si uno escribe es porque queres materializar eso que ronda en tu cabeza. Queres ponerle papel y tinta, queres que sea algo mas concreto y real que un simple remolino de tu mente. Lo haces existir mas allá de tu mundo.  Y ese texto va a ir creciendo a medida que vaya alejándose mas de vos y se vaya quedando en cada lector que lo lea. Mientras mas gente lo lea, mas independiente sera. Mas real. Hasta que se convierta en anónimo, en popular. Un texto de todos o de algunos. No un texto propio. Porque mientras mas propio es menos sentido tiene. Menos libertad tiene. Un texto vive cuando es libre. Una idea crece cuando es libre. Y eso es lo lindo de escribir. Y eso es lo que yo sueño, lo que yo quiero... que mis textos sean libres y crezcan. Por eso los publico, por eso ofrezco que los lean... para que salgan de mi y  sigan su propio camino. Yo sueño con que todo lo que escriba sea libre. Que todos o por lo menos algunos puedan encontrar algo valioso en ellos, independiente de mi o de lo que haya querido decir. Quiero que mis textos sean tan libres que cualquiera pueda interpretarlos y apropiarlos a su manera. No quiero que vivan siempre conmigo. No quiero que se queden acá. Se van a pudrir y nunca van a empezar a existir. Y eso es lo que implica, a mi parecer, ser escritora. Esa linda y extraña sensación -porque poco la he vivenciado-. Tal vez algún día, mágicamente, posea el ingenio para que mis textos suelten sus alas. Pero todavía ese momento no llego. No voy a correr ni voy a esforzarme. El arte para mi no es esfuerzo, es lo que uno es como venga. Si gusta, bien. Si no, otra vez sera. El arte es ser uno mismo. El arte es hacer volar una parte nuestra y que llegue hasta donde llegue.

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